Libros

Dama de Provincias

julio 31, 2017

 

Diario de una Dama de Provincias junto con La Dama de Provincias Prospera son dos relatos que ya tienen casi noventa años pero sorprenden por su cualidad atemporal. Llegué al primero a través de la recomendación de una revista y al segundo por la curiosidad de saber cómo continuaba la vida de este personaje modelado por E. M. Delafield.

A Diario de una Dama de Provincias me costó mucho conseguirlo. Lo busqué durante un largo tiempo hasta que lo encontré en Book Depository. También me compré la segunda parte: La Dama de Provincias Prospera. Ambas versiones en español. Existen dos más que son posteriores pero por ahora solo sé que están disponibles en inglés. Se llaman The Provincial Lady in America y The Provincial Lady in Wartime. Los primeros relatos vieron la luz en 1929 en forma de columna para la revista inglesa Time and Tide y luego se recopilaron y se publicaron bajo el título del primer libro.

 

 

Quiero aclarar que lo que viene a continuación está lejos de pretender ser una crítica literaria. Es solo compartir mi experiencia sobre estos dos libros que leí.

 

De una lectura fácil y entretenida, Diario de una Dama de Provincias tiene como protagonista a un personaje espontáneo, locuaz y querible, quizá porque los hilos que se enmarañan en su mente todavía generan empatía a 88 años de haber sido escrito. La dama de provincias en cuestión vive en una zona rural cerca de Londres, ciudad a la que cada tanto le hace visitas. Sus relatos provienen de su diario íntimo, por lo que está narrado en primera persona. En cada aparición cuenta uno o más episodios que tienen que ver con las dificultades que le presenta el servicio doméstico, sus finanzas, sus dos hijos, su esposo -una especie de poste lector del NY Times-, las mascotas, los vecinos, sus amistades.

 

 

La gracia de todo ello es la manera en que está contado. De una forma absolutamente sincera, ácida, ocurrente, sin filtros, tal como manan los pensamientos ante los sucesos generados por su entorno. Destacando constantemente que jamás debería poner en voz alta sus verdaderos pensamientos pero volcándolos en su diario con una crudeza extremadamente graciosa y expresiva. Y por supuesto, nunca dejan de ocurrírsele las respuestas perfectas para los personajes más crueles de su vida, pero a destiempo, siempre a destiempo. Es comedia de principio a fin. Probablemente muchas de esas cosas también las pensemos, solo que no se nos ocurre escribirlas porque son efímeras. Sin embargo Delafield no lo pasó por alto y logró plasmarlo con simpleza a través de esta provinciana perspicaz.

En La Dama de Provincias Prospera continúan las historias cotidianas y domésticas de la protagonista -de la cual no sabemos el nombre-. Sin embargo esta vez ha publicado su primer libro y se ve esperanzada en poder saldar las deudas con el banco. Alquila un departamento en Londres para poder seguir escribiendo con tranquilidad, aunque sus días se colman de distracciones y termina atrapada en acontecimientos a los cuales sus amistades la invitan: paseos, visitas a exposiciones, comidas con personalidades presuntamente interesantes. Su vida social se incrementa notablemente con respecto a la primera parte. Pero su autoestima permanece en el mismo nivel que antes, un tanto baja. Nunca elige el sombrero correcto ni el vestido apropiado para la ocasión. La elección de su corte de pelo siempre es démodé o el anillo que le iría perfecto lo tiene usualmente empeñado para salvar por un tiempo su situación económica. Si dejar de lado lo poco habilidosa que se encuentra practicando deportes o lo fuera de lugar que se halla en sitios concurridos por otros escritores.

Todas sus desventuras están narradas en un contexto y de una manera absolutamente graciosa sin caer nunca en el drama.

 

 

Como comentario final, algo que llamó mi atención (y que puede concederse a mi desconocimiento de las costumbres de los años 30) son algunas libertades que esta dama posee. Que a tiempos de hoy son parte natural de la vida pero que pensándolas en esa década me sorprendieron un poco.

Como conclusión, lo recomiendo para relajarse entre alguna lectura previa y otra posterior un poco más complejas y pesadas. Para recrear la mente, dejar entrar un poco de aire fresco y divertirse con las ocurrencias que, según algunos críticos, tienen algo de autorreferenciales.

 

También puede interesarte

Ningún Comentario

Dejá un comentario