Diario

Día de fotos

agosto 29, 2017

 

Hace algunos fines de semana, más precisamente un sábado, el cordón cordillerano amaneció blanco. Fue bastante sorpresivo, teniendo en cuenta que el corazón del invierno ya había quedado atrás. Yo estaba trabajando y como desde la ventana de mi oficina no se ve nada interesante, ni me había dado cuenta. Un compañero me avisó y otro me dio la data clave para poder ver esa maravilla sin que la urbe interrumpiese el cuadro. Así que sin pensarlo mucho, después de almorzar y finalizada la jornada laboral, cámara en mano y marido al volante salimos a cazar el paisaje. La siesta -ineludible después de una semana de pocas horas de sueño- quedaría para más tarde.

 

 

Tuvimos que andar algunos kilómetros para salir de la ciudad. Las instrucciones no eran tan precisas pero cuando después de una de las tantas curvas empezamos a notar que siguiendo camino comenzábamos a perder el paisaje, decidimos pegar la vuelta. Íbamos viendo algunos caminitos de piedra que salían desde la ruta y se perdían tierra adentro. Elegimos uno que costeaba las vías del tren y a los saltos llegamos a un lugar donde parar. No era ni más ni menos especial que 100 m antes o después. La vista era inmejorable.

 

 

Y acá viene la explicación de por qué esta entrada está en la categoría Misceláneas PH. Es porque salieron varias fotos con las que quedé conforme, partiendo de una decisión espontánea. Y eso es algo que hace menos de un año, definitivamente no pasaba. No voy a negar que mientras nos alejábamos de la ciudad y se empezaba a ver la cordillera a lo lejos, me llené de miedos. Vinieron todos juntos, como siempre. Miedo a no poder reflejar lo que estaba viendo, a no poder transmitir, a que quedaran imágenes planas, sin demasiado sentido. A haber perdido el tiempo. A que mi amorcito me estaba haciendo ese súper favor ¿y si de eso no sacaba ni una fotito buena?

Pero me recordé que quien está detrás de esta cámara hoy en día, no es la misma persona que estaba hace un tiempo. Y tampoco será la misma que pueda encontrar dentro de algunos meses más. Así que me sacudí todo eso de la mente y disparé los primeros clicks. Los primeros primerísimos son borradores. Son para descarbonizar la cámara. Después vienen los que quedan.

 

 

¿Y qué iba a sacar además de la cordillera lejana y nevada? Si eso era la nada misma, aparentemente. Si lo único que valía la pena era esa nieve tardía. Entonces pensé en los detalles. Pensé en qué podría mostrar para que alguien pudiera hacerse una idea de dónde estábamos en ese momento. Para que alguien viviera a través de mis fotos ese escenario. No solo el escenario sino la escena completa, el instante, sin necesidad de estar ahí físicamente. Y me di cuenta de que había millones de detalles que mostrar. Pensé en la forma de mostrar de quienes admiro. Pensé en cómo cuentan la historia. Qué de eso es lo que tanto me atrapa.

Capturé la aridez del suelo, la vegetación del desierto propia de cuyo. La inmensidad de la llanura que llegaba hasta la cordillera. El caminito que se perdía quién sabe dónde. El privilegio de estar ahí disfrutando de un día maravilloso, de una visión única, del viento que al principio ayudaba a refrescar pero al tiempo de estar haciendo fotos ya no alcanzaba a equilibrar al sol.

 

 

Y de mi amor. Del amor. De mi compañero que hace honor a la palabra. Que acompaña y apoya porque sabe qué es lo que me hace feliz. Que me ayuda y agarra la cámara para que yo también pueda salir un poco en las fotos.

 

 

Ya con el corazón contento por la victoria y con la tarjeta bastante cargada de material para seleccionar, pegamos la vuelta. Última foto al camino a través de la ventanilla abierta antes de subir a la ruta y nos fuimos a dormir la siesta.

 

 

Así pude crear un punto de referencia a mi favor. Para poder tener un poco menos de miedo la próxima vez. Para saber que aunque tenga tantísimo por mejorar, yo también puedo. Yo también pude. Y que la clave está en permitirse fallar. Es permitirse hacer fotos malas sin castigarse. En permitirse ser.

 

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4 Comentarios

  • Responder Irene agosto 29, 2017 at 14:16

    Preciosa entrada! Fotazas como siempre. Y encantada de que compartas tu camino interno creativo. Me ayuda a conocerte más y conectar contigo! Así que eso es… Encantada !!!

    • Lula
      Responder Lula agosto 30, 2017 at 08:58

      Gracias guapa! Mi camino interno creativo es un reguero de cactus, como los de las fotos, jaja! Mil gracias por acompañarme ;D ! Besotes!!

  • Responder Maria del Carmen agosto 31, 2017 at 23:20

    Es hermoso lo que hacés Lula!! porque además de plasmar en el blog tan maravillosas fotos lo haces con un relato TAL, que hace que parezca que estamos viviendo el espacio y el momento en el preciso instante que lo recorremos!
    Felicitaciones de nuevo!!

    Un beso gigante!! y cómo ya te dije antes y muchas veces(creo) estoy orgullosa de vos!!

    • Lula
      Responder Lula septiembre 1, 2017 at 15:32

      Gracias!! 😀 No sé si me dijiste tantas veces… 🙂 Me alegro mucho que te gusten las entradas! :* !!!

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