Diario

El principio de una nueva etapa I

julio 31, 2017

 

Voy a inaugurar esta sección contándoles el principio de tomarme en serio la fotografía. Y voy a hacerlo en dos etapas. Acá va la primera 😉

Como adelanté al final de mi primer post Hoy empiezo, la culpa de todo la tuvo mi prima 🙂

Cuando faltaban aproximadamente 10 meses para que mi bella primita cumpliera 15 años, recibí un llamado suyo que me dejó “tecleando”. Me encontraba en medio de una caravana de expedición en una zona desértica que millones de años atrás supo ser un lago enorme lleno de especies vegetales y animales. Fue milagroso que entrara esa llamada en ese lugar. Me tomó por sorpresa, no me lo esperaba ni un poquito, pero ahí estaba yo escuchando su vocecita y diciéndole que sí. Para cuando cortamos la comunicación, unos pocos minutos después, yo ya tenía una gran responsabilidad sobre mí: hacerle el book de sus 15 años.

Le había dado la oportunidad para que lo pensara de nuevo. Le avisé “yo no sé sacar fotos” pero ella por alguna razón confiaba en mí más que yo misma (me sucede a menudo) y sin dudarlo un segundo me confirmó lo que ya me había pedido. Nunca supe por qué me lo pidió. Nunca entendí qué fotos mías habría visto para elegirme. ¿En qué se basaba? Incluso habiendo tenido la oportunidad de elegir a alguien más, alguien con experiencia, ella insistía en que fuera yo. Ahora tenía una responsabilidad. Nunca le hubiera dicho que no, de modo que la única alternativa que me quedaba era ponerme a estudiar. Refrescar mi memoria e ir más allá para no defraudarla. Para que no pasara vergüenza. Aún tenía 10 meses a mi favor.

 

 

Ese fue el comienzo. Con ese acto, mi prima sin saberlo me estaba dando la oportunidad de darle un volantazo a mi vida. Me estaba poniendo cara a cara con mis miedos. Me ponía entre la espada y la pared. Tenía que enfrentarlos, ya no había alternativa. Mi tía se disculpaba por “complicarme la vida” porque vivimos a muchos kilómetros de distancia y coordinar era complicado. Pero no sabía el enorme favor que me estaban haciendo. Si yo vencía mis miedos, si mataba al dragón, la llave del jardín secreto sería mía.

Los meses que siguieron fueron para aprender de manera concentrada todo lo que no había estudiado desde que tenía mi cámara reflex. Nunca usé el modo automático porque “si me compro una reflex no es para usarla en auto”. Pero no aprovechaba nada de lo que mi D3100 me ofrecía. Solo ajustaba la exposición y la velocidad para que el exposímetro quedara centrado. Así sin más, una o la otra y click click click.

 

 

Elegí las páginas favoritas e iba abriendo mil pestañas a la vez. Quería absorber todo lo que me enseñaban en 10 minutos. Quería probarlo todo. Más leía, más me entusiasmaba. Más me apasionaba, más lejos quería llegar. Empezaba a conocer quién era el Sr. 50mm, para qué servían los filtros, por qué era importante la apertura y a qué velocidad no debía fotografiar jamás sin trípode. Qué lentes eran más idóneos para retratos y cuáles para paisajes. La hora dorada, la hora azul. Buscaba ideas para que mi prima posara. Imaginaba locaciones. Sin embargo no era capaz de agarrar la cámara para hacer fotos. Sentía pánico de que no me salieran. El dragón aún seguía vivito y coleando.

 

 

Continúa en El principio de una nueva etapa II… 😉

 

También puede interesarte

Ningún Comentario

Dejá un comentario