Diario

El último reto del año

diciembre 5, 2017

 

Con esta entrada doy comienzo a la temporada navideña 2017 😀 Es la primera de las entradas del último mes del año (que me hace mucha ilusión) y voy a dedicarlo todo a las fiestas pasando por las diferentes secciones del blog. Arranco con la sección Diario y lo que van a leer y ver a continuación es un relato del 20 de Diciembre del año pasado con fotos tomadas por esas fechas (se nota). ¡Acá vamos!

 

Esta es la historia

 

En Diciembre ’16 rompí una barrera. Me daba pánico sacar fotos en público. Miedo a que me reten, a que no esté permitido, a pasar vergüenza, a llamar demasiado la atención. A pasarla mal. Pero hice el curso Merry Click de Jackie Rueda donde uno de los puntos sabrosos era fotografiar un lugar comercial. Y como nada puede detenerme porque la suerte astral está echada -y debo hacerme cargo y enfrentar el potencial de mi destino- chequeé las baterías de mi cámara y formateé la tarjeta de memoria. Me aseguré de tener la zapata del trípode ajustada al equipo y elegí los objetivos que llevaría. El 50 mm 1.4 que ya nunca seré capaz de abandonar y el gran angular para abarcarlo todo en los espacios urbanos. La escasez de luz la compensaría con la ISO y edición luego de haber agotado la apertura del diafragma y puesto la velocidad de obturación al límite.

Decidida manejé hasta el shopping de la ciudad y una vez dentro, con deliberada cara de despiste elegí los puntos, ajusté el encuadre y ejecuté los disparos. Unas pocas tomas en la planta baja. Más tarde volvería con el trípode. Subí la escalera mecánica a paso campante y ya habiendo alcanzado la mitad de la altura mientras el obturador no tenía descanso, por el rabillo del ojo y de refilón vi que un joven y delgado muchacho de seguridad me esperaba al finalizar el ascenso. Listo. Ese momento tan temido estaba a instantes de distancia. Estaba ahí, a dos metros de que mi pesadilla fotográfica se hiciera realidad.

En cambio me topé con lo inesperado. Cuando él me habló indagando acerca de por qué estaba haciendo fotos, yo le fui respondiendo sincera y amablemente. Entonces su tono se volvió también amable, su gesto se relajó y se volvió colaborativo. No estaba permitido sacar fotos en el interior del shopping sin un permiso. Pero sí fuera. El muchacho me proporcionó de muy buena forma todos los datos necesarios para obtener ese permiso y yo me fui contenta de haber aprendido la lección, por haber quebrantado la barrera. Pero no sin antes capturar esas instantáneas exteriores. Me tomé mi tiempo y calculé mis posibilidades. Busqué los mejores encuadres. Cambié objetivos, nivelé el trípode.

 

 

Derribar los prejuicios -o intentarlo-. Y si esos pre-juicios son juicios válidos, entonces enfrentarlos. Vencer los temores. Salir de la archinombrada zona de confort. Enfrentar la incomodidad. Todo es mucho más liviano que seguir soportando la carga y la duda y arrepentirse de no haberlo hecho. Por otra parte, empiezo a creer que la sonrisa que no solo se ve sino que se oye, abre caminos. La sonrisa también se nota en la voz.

Por supuesto que a los dos días volví a pedir el permiso correspondiente y actué de la misma manera: con respeto, sinceridad y amabilidad. Y eso mismo obtuve. La condición (de palabra) fue que las fotos del interior no fueran publicadas. Palabra que cumpliré. Esos disparos quedarán para mí como una pequeña gran victoria.

 

 

Fin de esta historia

 

Las fotos que pueden ver en esta entrada son de lugares en donde sí podía sacar fotos dentro o de espacios exteriores. No fue ese shopping el único lugar que enfrenté, pero sí el primero. Los que siguieron fueron costando menos, ya había entendido la mecánica. El haber hecho frente a mis miedos a favor de mis deseos fue un paso muy importante para mí en ese momento en el que empezaba a darle alas a mis sueños, que más tarde se volvieron proyectos. Y ver hoy la diferencia entre esas fotos y las de ahora es impactante. Me costó elegir algunas para subir a este espacio ? . Espero haberte ayudado un poquitín si estás en una situación parecida y si no lo estás, que hayas disfrutado el relato igualmente. ¡Hasta la semana que viene!

 

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