Diario

Me pierdo momentos

octubre 10, 2017

 

Uno de mis objetivos fotográficos 2017 fue capturar momentos interesantes para al final del año poder hacer un fotolibro digno. De antemano les cuento que no lo cumplí. Pero me quedó algo no menos interesante en el aprendizaje y el fotolibro será del 2018.

Primero me detuvo la pereza. Consideré que la primera oportunidad fue el viaje del 2 de Enero camino de regreso a San Juan. Pero la cámara estaba guardada en no sé dónde. Era incómodo sacarla y era una pérdida de tiempo armar el trípode. En fin, llegamos a San Juan y la oportunidad quedó disuelta en el camino. Si tengo que ser honesta, fue la pereza mezclada con el miedo. Ambas cosas las tengo superadas al día de hoy, pero saben que esas son otras historias.

A mitad del mismo mes tuvimos la visita de mis papás y mi hermano. En el primer paseo que dimos, las fotos no me salieron como quería. Luna llena en mi cabeza. Enojo pleno. Total. Malhumor. Presagio de fracaso del proyecto fotográfico de mi vida (Sí, lamentablemente a esos niveles llego cuando me desbordo -¿?-). Bombardeo mental de jamás voy a lograrlo, soy horrible haciéndolo, cómo es que invertí en material si soy un fracaso total mientras mi cerebro se hacía el disimulado incapaz de aceptar reconocerlo. Quería callar mi mente. Quería que la otra parte de mí viniera en mi auxilio y me dijera “no pienses más, guardá la cámara que ahora no es el momento de seguir“. Pero no llegué a tiempo y la angustia fue la protagonista de los días que siguieron.

 

 

En fin, fueron varios momentos lindos con mi familia que me perdí de disfrutar a pleno además de haber perdido también algún registro fotográfico, como fuera. Porque el pánico que sobreviene, abruma. Miedo a que sigan saliendo cosas espantosas luego de cada click. Terror a que la memoria SDHD guarde las pruebas de lo mala que soy en ésto. Otra vez, me estaba perdiendo el momento. Y uno muy bueno estaba teniendo lugar.

Así que cual manotazo de ahogado (es espantosa esta expresión literal, nunca me había detenido a prestarle atención) la última noche de mi familia en casa, eché mano a la cámara dispuesta a capturar el ambiente de visitas que había. Lo que quedaba. Que era poco ya, pero era. Estaban ahí. Para tener algo. Para rescatar una memoria. Para que mis “problemitas” no me robaran una vez más la oportunidad de registrar, de practicar, de atesorar pedacitos de vida.

 

 

A partir de entonces y no solo por ésto, cambié mi actitud. Eso fue a principio de año y el aprendizaje a lo largo del 2017 ha sido grande. Pero no podemos, no puedo permitirme sentir tanta angustia por una foto que no salió. Por varias tampoco. Hay que seguir adelante salgan como salgan, ya saldrán mejor. Porque la clave, como he dicho en otras ocasiones, es practicar.

 

 

Cosas que me han ido pasado en este camino y que sin dudas me seguirán pasando de alguna manera y quiero compartir con ustedes. Mi lado B de mi experiencia con la fotografía.

 

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