Lugares

Otoño en Cuyo

julio 31, 2017

 

Un fin de semana decidimos salir a recorrer una zona a la que todavía no le habíamos dedicado tiempo, no tan lejos de donde vivimos. Y la verdad, creo que no podíamos haber elegido mejor época. El dorado otoñal delante de la cordillera nevada se llevó mi respiración.

Barreal es un pueblo del departamento de Calingasta en la provincia de San Juan, Argentina. Nos fuimos acercando hasta allá desde el sur, por la ruta que llega desde su provincia vecina, Mendoza (esa parte del viaje será motivo de otra entrada). Veníamos paseando y viviendo el paisaje otoñal desde varios kilómetros antes; Uspallata ya nos daba un adelanto. Propio de la zona de cuyo, hay muchísimos álamos que tienen por lo general la misión de proteger los olivares y viñedos de los fuertes vientos y que antes de quedarse pelados en la estación invernal, mutan sus hojas del verde intenso al amarillo anaranjado llenando de magia los valles de la región.

 

 

Cuando empezaba a atardecer y luego de recorrer cuidadosamente algunos kilómetros de ripio, hicimos la primera parada dentro de la provincia, en Pampa del Leoncito.

Pampa del Leoncito es una planicie perfecta. No tiene ni un pastito que interrumpa la superficie. Su suelo ajado supo ser el lecho de una cuenca lacustre hace 10 mil años y ahora solo queda una gran extensión. Ahí, desde Octubre hasta Febrero, después de las 5 de la tarde sopla un viento que permite practicar el carrovelismo, que son esos carritos con vela que alcanzan grandes velocidades cuando el viento sopla fuerte.

Por ahora la entrada es libre. Desde la ruta se baja por un caminito de tierra y a los pocos metros ya se puede pisar esa extensión salida de una historia de otra época. Cuando llegamos no había más de tres vehículos aparte de nosotros, pero estaban lejos. Así que después de hacer algunas fotos nos dedicamos simplemente a estar. La luz del atardecer es mágica, de sobra lo saben quienes aman la fotografía. El sol poniéndose todo lo hace más hermoso y romántico. En pocos lugares sentí la tranquilidad y las ganas de disfrutar de estar sentada sin hacer más que cerrar los ojos para concentrarme en la brisa delineando la piel, en los sonidos lejanos casi imperceptibles, en la tibieza del sol. Respirar y sentir. Es ese mismo instante. Nada más. En pocos lugares, y éste fue uno.

 

 

Y sí, no nos juzguen por favor, pero tuvimos que hacer las fotos de rigor que ameritan cuando uno se encuentra con una extensión tal. Así como lo habíamos hecho en Las Salinas Grandes, en Jujuy, tuvimos que repetirlo acá. Gracias a Dios esta vez ya contaba con un disparador inalámbrico que me permitió ahorrar gran parte de mi capacidad pulmonar y paciencial… Dejo solo tres. Las otras son directamente impresentables.

 

 

Frente a Pampa del Leoncito, se encuentra el acceso al Parque Nacional El Leoncito. Y dentro, encontramos el Complejo Astronómico (adivinen 🙂 ) El Leoncito. Este lugar depende del CONICET y participan en las investigaciones que se desarrollan allí tres universidades del país, todas públicas: la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Córdoba y claro, la Universidad Nacional de San Juan. Además, unos pocos kilómetros antes encontramos el Observatorio Astronómico Carlos U. Cesco. Ese es el que visitamos. Un investigador nos enseñó el trabajo que realizan allí y el funcionamiento de un gran telescopio. En ambos lugares se ofrecen visitas diurnas y nocturnas, y los que elijan estas últimas tienen la posibilidad de pernoctar luego de la observación.

 

 

Nosotros no hicimos carrovelismo porque estábamos fuera de época y tampoco la visita nocturna porque teníamos otros planes. Pero quedamos con muchas ganas de volver de noche, en verano, que es la época aconsejada para visitar en horarios nocturnos. Es prometedor y mi cámara ya tiene piel de gallina de la emoción.

Lo que sí aproveché fueron los colores del otoño. Con el tiempo justo para llegar dentro de los horarios de visita a la ida y con los minutos contados para aprovechar las últimas luces fotografiables del atardecer entre los álamos, bajábamos y subíamos del auto haciendo clikclikclik y yo me desesperaba para poder plasmar en las fotos lo que estaba viendo. Qué maravilla. ¡¡¡Cómo me gusta el otoño cuando es otoño!!! 😛

 

 

Después de eso, volvimos a la ruta mate en mano y en unos poco kilómetros más (24 para mayor exactitud) llegamos a Barreal. Al entrar al pueblo nos escoltaron los últimos rayitos de luz y llegamos a la posada en la hora azul y poco más. Descargamos el equipaje y mientras uno de sus dueños nos ayudaba a llevarlo a la habitación, nos iba contando las opciones para la cena. Elegimos locro porque hacía frío y nos venía genial para acompañar con un malbec. Así que después de instalarnos y darnos una ducha bien caliente, cenamos en el restaurante de la posada. Esas fotos se las debo 🙁

Al otro día, bien descansados, desayunamos y aproveché para registrar la posada y su jardín, igual de dorado que toda la región gracias a los clásicos álamos.

 

 

Según los propios dueños, dos matrimonios cuyas mujeres son hermanas, cansados del ritmo capitalino descubrieron este lugar y decidieron apostarlo todo: ahorros e ilusiones. Construyeron la posada Paso de los Patos para compartirla con sus huéspedes y ahora se turnan cada dos semanas para atenderla. Acá todo es calidez. La atención, el estilo y la decoración propias de esta zona del país, la cocina deliciosa, tradicional y casera que sirven en su restaurante. Para mi placer, nada de televisores en la habitación y tampoco wi-fi. Solo en las zonas comunes que están separadas de las habitaciones. El living cuenta con hogar a leña y una barra de bebidas y hacia el otro lado del recibidor está el comedor para todas las comidas principales. Las galerías que rodean la casona, enriquecidas por un sinfín de preciosos elementos decorativos, son excelentes para disfrutar de la vista a la cordillera, leer o tomar algo en épocas más cálidas. Para el verano hay una pileta (o piscina, para que nadie tras el charco ponga esa cara cuando me lean) 😛 cuenta con una zona de solarium.

 

 

Cuando terminamos con las fotos y habiendo cargado agua caliente para el infaltable mate, nos pusimos en marcha de regreso a San Juan por la serpenteante RN149 que tan bien es acompañada por los ríos Los Patos y San Juan y la blanca cordillera de fondo. Paramos en Calingasta y seguimos camino de regreso a casa, con la promesa de volver cuando el agotamiento nos pase por encima. Es que Barreal es de esos lugares que tan bien hacen cuando la rutina pide un tiempo fuera.

 

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10 Comentarios

  • Responder Ivana agosto 1, 2017 at 10:20

    Me estalla el corazon, san juan querido, tantos recuerdos ?! Tus fotos son tan TAN hermosas.
    Beso enorme, ivana jurgens

    • Lula
      Responder Lula agosto 1, 2017 at 10:51

      Gracias Ivana!! 😀 Bueno, tal vez sea el momento de hacer un intercambio, jaja! Todavía no me tocó el litoral pero le tengo unas ganas a esos verdes húmedos!!! Cuando quieras, acá te espero para hacer una recorrida fotográfica como hemos dicho ? Besos!!

  • Responder Georgina agosto 3, 2017 at 17:50

    Bella LULA!!!Tan hermosos esos lugares como quien los transita ….abrazo!

    • Lula
      Responder Lula agosto 5, 2017 at 12:24

      Muchas gracias, Georgina! ? Por darte una vueltita por el blog, por tu mensaje tan lindo y por todo todo lo demás ? ?

  • Responder Romina agosto 7, 2017 at 11:46

    Te debía un tiempo amiga!! Bello blog y bellísimas fotos ?
    Tenes el don de trasmitir sensaciones, a por más pues!!
    Beso gigante!!!

    • Lula
      Responder Lula agosto 8, 2017 at 08:51

      Gracias Ro!!! Y lo lindo que es compartir este camino con vos!! Uno más 😉 Te quiero!! Besotes!!

  • Responder MeliPa agosto 7, 2017 at 23:22

    Q hermoso que hermoso!!!! Muy muy lindo todo, las fotos y el relato! Dan ganas de estarse ahí mismo!

    • Lula
      Responder Lula agosto 8, 2017 at 08:52

      Gracias Melo!! Me alegra mucho que te guste! Los espero para darse una vueltita cuando quieran 😉 Besotes, amiga!

  • Responder Irene Echeveste agosto 12, 2017 at 08:59

    Precioso blog!! Las fotos son maravillosas, delicadas e inspiradoras! Fíjate que llevaba tiempo preguntándome dónde estaba la chica que puso esa fotaza increíble de villa tacú en instagram… Creía que te había perdido. Y apareciste bajo otro nombre y con este pedazo de blog! Feliz de haberte encontrado “de nuevo”…
    No conozco la zona de Barreal..tendré que hacer escapadita cuando vaya a Mendoza de nuevo. Quizás te vea por ahí… Y sino, si os animáis a venir al País Vasco, aquí estamos…. Mientras, te seguiré por aquí! Bravo de nuevo por este pedazo de trabajo!

    • Lula
      Responder Lula agosto 14, 2017 at 08:57

      Hola Irene! Jaja, nos volvemos a encontrar! Bueno, estaba haciendo este espacio mientras no aparecía por allá 😛 Muchas gracias por tu mensaje, qué lindo!! Claro que en cuanto estemos en el mismo continente nos encontraremos 🙂 Por acá sos más que bienvenida y ojalá pudiera volver por el País Vasco! Estuve atravesándolo y es tan bello!! Solo que ahora iría con visitas planificadas 😉 Un placer tenerte como seguidora. Beso enorme!

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